lunes, 7 de mayo de 2012

Los astilleros, historia de Gijón

Hoy, después de un finde ajetreado, y no precisamente por salir de juerga, pretendía dormir hasta tarde, hasta que me dejasen (ventajas del parado), pero me dejaron solo hasta las 10. ¿El motivo? Unos cuantos de Naval Gijón que piden su recolocación. No eran muchos, pero sí hacían mucho ruido, con silbatos y petardos.


Y me desperté sobresaltada, pensando que habíamos vuelto atrás 20 años, que tenía que ir al cole, y que muchos compañeros no iban a poder ir a clase por los cortes de las calles de Gijón.



Quién haya visto Los lunes al sol sabe de lo que hablo. El comienzo de la peli, ambientada en Vigo, son imágenes del conflicto en Gijón, se pueden ver a los trabajadores reclamando lo que es suyo.

Y ojo, que 20 años después, Gijón sigue a la sombra de lo que fueron sus astilleros. Miles de hombres  perdieron sus puestos de trabajo, y supuso un golpe para la ciudad que aún hoy es difícil de superar. Porque Gijón siempre fue una ciudad volcada en la mar, y los astilleros son parte de su historia. Y no podemos dejar que nos quiten la historia sin lucharla.

Hoy he recordado todo aquello, y reflexionando, me he dado cuenta de que se perdió, pero no se hizo nada con ello. Son terrenos que siguen totalmente desaprovechados, al igual que la sabiduría y experiencia de los maestros, los soladores, los jefes de equipo, los operarios en general que trabajaron en tantos barcos. Porque se perdió y no se hizo nada nuevo. Porque parece que siguen allí para recordarnos un pasado que pasó y no volverá.


Ahora igual pasamos de la construcción de barcos a la fiesta en el mismo lugar. Parece ser que la Semana Negra se celebrará allí... Desde luego, iré (los que me conocéis sabéis que adoro el olor a libro nuevo, aunque los de los chiringuitos no me gusten tanto), pero también sé que me va a costar no pensar en aquellos años en los que Gijón era poco menos que un campo de batalla.

Pensaré en el colegio, pero también en los primeros años de trabajo, cuando con la Ser tuve que ir a cubrir un conflicto y terminé debajo de un coche escondida, con pelotas pasándome de un lado y de otro.

Porque Gijón no se entiende sin astilleros.

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